Un monólogo nostálgico y canalla inspirado en “Maneras de vivir”, donde un ochentero repasa —con ironía y mucha verdad— cómo ha cambiado la vida desde las cintas rebobinadas hasta los mails infinitos.
Entre recuerdos, guitarras y reflexiones, esta entrada mezcla humor, crítica y esa forma tan nuestra de seguir adelante aunque el mundo ya no suene igual.